miércoles, 12 de noviembre de 2008

NECESARIO

NECESARIO

Siento ya en las venas la soledad de los mares en calma,
el grito destemplado de las horas,
de los cielos vacios,
y de los témpanos que el frio heló como navajas.

El aire tiene grietas y pequeños resquicios.
Las esquinas perdieron hasta sus angulos rectos,
sus silencios y calmas,
los sueños en espera de ultimos despojos.
La sangre ya es un coágulo de oscuro y viejo vidrio
que nunca se derrama
pero que ya se ha perdido,
que ya se ha perdido.

No veo la luz por ninguna parte,
no puedo mover
ni los ojos al blanco,
ni las piernas,
ni aún las manos, aunque el aire está solo;
per, sin embargo, sé que no estoy dormido
y que la tierra no me llama para darme gusanos.
Que mi cuerpo aun es mio,
aunque mi alma reposa en un refugio ausente.
Siento que una gota de fuego
enciende mi garganta,
mis oidos tan sordos,
mi pecho torturado
y mi sien de hombre libre.

Ya me he ahogado bastante en el perfil de las cosas,
pero ahora hasta el cielo me resulta pequeño,
me aprieta los parpados
y me dice palabras por dentro de los huesos.

Venid, amigos, venid
y decidme el nombre de estos astros apagados
que siento ya en la boca,
de este agua subterranes que busca su salida
por mis ojos sin llanto.

Decidmelo todo:
Que hiera el eco de vuestros gritos
mi pecho torturado,
mis oidos tan sordos,
mi sien de hombre libre.
Decidmelo todo, porque necesito saberlo.
Decidme quien me llama quemandose los labios,
doblandose los dientes,
abriendose la garganta.
De quien es esa voz que me llama sin habla
desde el fondo de los mares,
desde el fondo del vientre de todas las montañas,
de todos los mundos,
de todo el Universo.

Decidmelo, porque necesito saberlo.

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