miércoles, 12 de noviembre de 2008

LA SOMBRA SIN ECO

LA SOMBRA SIN ECO

Emparedada en el yeso
tan quieta estaba y tan fria
que crei que ya era muerta.
Le pregunté,
yo le dije....
Pero no me contestaba.
Le derrumbé en la cintura
las piedras de las ciudades.
Quise cortarle el silencio
con hachas hechas de aire.
Pero nada.
Le pregunté, le preguntaron:
en las esquinas del viento
mil virgenes desnudas,
debajo de las piedras
mil angeles celestes.
Paisajes, vientos y nieblas
le preguntaban.
Pero ella estaba muda,
no pudo decirnos nada.
(Nieves frias y calientes
en la soledad lloraban
largos sueños sin respuesta
con las cortinas echadas).

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